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enero 17, 2024

La presión de ser una buena mamá.

Estoy bien, están bien.

Pero, ¿Qué mamá no siente agobio durante las vacaciones de verano? Los niños en casa, las madres trabajando como de costumbre, y la inquietud de mantenerlos entretenidos. ¿Cuál es el propósito? ¿Fomentar su desarrollo integral o simplemente evitar que “molesten” demasiado? Y aquí surge la pregunta: ¿Por qué me siento abrumada? ¿Será que experimento culpa por sentir incomodidad cuando los niños pasan más tiempo en casa?

En estas circunstancias, nos enfrentamos a una presión considerable: social, cultural, familiar y personal, para ser consideradas "buenas mamás". A menudo escuchamos a mujeres cercanas expresar que se sienten como "malas madres" o que simplemente "no están a la altura".

El concepto de "SER BUENA MAMÁ" esconde un ideal de perfección, un estándar inalcanzable. Ya sea que nos dediquemos plenamente al trabajo o nos quedemos en casa, siempre parece que estamos dejando algo por hacer. La dualidad entre ser la mujer independiente y empoderada que provee para sus hijos, y la madre que se queda en casa y que dedica tiempo de calidad (junto con la gran demanda que ello trae) nos lleva a una constante sensación de insuficiencia.

La búsqueda constante de la perfección se extiende por todas las esferas de la vida: desde la elección entre la lactancia materna y la fórmula en la alimentación infantil, la tolerancia 0 frente a las pantallas, la selección apropiada de juguetes, hasta la planificación meticulosa del horario de sueño en sintonía con el comportamiento de los niños. Sumado a esto, la aspiración a una crianza respetuosa y consciente, que en ocasiones parece castigar cualquier atisbo de descontrol materno. Las expectativas son aparentemente infinitas, y es agotador intentar cumplirlas todas, ubicándonos en un eslabón de la cadena de la "mamá matea", esa figura idealizada e iluminada. La sociedad nos impone un estándar inalcanzable, una presión que debemos desafiar y cuestionar constantemente.

La realidad es que FRACASAR y equivocarse son partes INHERENTES de la maternidad. No hay más opciones. Nos encontramos en una constante ambivalencia entre amar como a nadie más a nuestros hijos y sentirnos que no damos más con ellos. ¡Nos encontramos exhaustas!

La presión externa puede ser intensa, abrumadora y desorganizadora, si nos enfocamos en ella nos angustiamos y mareamos, sin embargo, se desvanece cuando nos detenemos y nos centramos en nuestras necesidades y luego en las de nuestros hijos. Es como la máscara de oxígeno en un avión: debemos cuidarnos primero para cuidar mejor de ellos.

Perseguir la perfección nos lleva a la frustración, el agotamiento y rabia que empaña el lente con el cual miramos nuestra realidad y nos aleja del disfrute y gozo con nuestros hijos.

Aceptar nuestras fallas nos libera de un ciclo vicioso y nos permite disfrutar verdaderamente de la experiencia de ser madres. Nuestros hijos no necesitan madres perfectas; eso no existe y, además, no es saludable para ellos. Como decía Donald Winnicott, la relación madre-hijo no necesita ser perfecta, solo "lo suficientemente buena". Reduzcamos la exigencia y abracemos nuestra capacidad de ser madres sensibles a las necesidades de nuestros hijos.

¿Me pregunto cuan suficientemente buena eres contigo este verano?

Si deseas profundizar en este tema no te pierdas la Charla de Autocuidado para Madres!!!

La presión de ser una buena mamá, Terapias

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